Los daÑos en RJ causan mÁs impacto en vivo que por la televisiÓn

Gabriela Frontini
|
[Rio de Janeiro, Brasil] Estar en la región serrana de Rio de Janeiro es entrar en estado de shock. En cada esquina, un suspiro de susto hace que perdamos el aliento y casi no se puede hacer nada más que respirar profundo y esperar la próxima escena.
Así fue cómo pasé el sábado 15 en Teresópolis y el domingo 16 en Nueva Friburgo, dos de las ciudades más devastadas por las lluvias en aquella región. Lo que más llama la atención es el olor de la ciudad, una mezcla entre barro, árboles, basura, comida podrida, escombros, cuerpos animales y personas muertas. Ese olor se hizo aún más intenso e intolerable al visitar el Instituto Médico Legal (IML) de Teresópolis. Allí, las personas usan barbijos todo el tiempo, de otra forma, comienzan las náuseas y el dolor de cabeza. Allí me quede cerca de quince minutos, sin barbijo, y mi estómago estuvo descompuesto por el resto del día.
El testimonio de los voluntarios del IML es impresionante. Ni siquiera ellos, acostumbrados a ver personas muertas, logran asimilar lo que ven. Los cuerpos llegan ya en estado de descomposición, totalmente deformados, hinchados y casi irreconocibles. Entrevisté a un matrimonio de voluntarios de Nueva Friburgo, pero prefirieron trabajar en Teresópolis para evitar ver personas conocidas.
El número de muertos ya supera los 700.000, pero es probable que muchos sigan bajo tierra, pues ya se hallan en estado de descomposición. ¿Cómo se harán el rescate y la identificación de esos restos? Es difícil saber.
Cuando caminaba por uno de los peores Barrios en Teresópolis, el Campo Grande, donde falleció el 95% de la población, encontré al alcalde la ciudad, Mario Jorge; hasta dolió entrevistarlo porque, ¿qué se dice en un momento como ese? Desolado, respondió rápido que sabe cuál es su responsabilidad y que está haciendo todo lo posible para rescatar a los sobrevivientes, retirar los cuerpos, permitir un entierro digno y reconstruir la ciudad. Sin embargo, no siempre es posible. A su lado se encontraba un hombre que ya había desenterrado a tres familiares y aún le faltaba uno, que todavía se encontraba allí, porque la lluvia continuaba y Defensa Civil prohibía las búsquedas para no poner en riesgo a los bomberos.
Sin embargo, tres de ellos fallecieron cuando realizaban un rescate en Nueva Friburgo. Fue una escena triste ver el vehículo allí, bajo los escombros, de dos héroes dando lo mejor de sí. No obstante, es increíble ver cómo el sentimiento de ayuda al prójimo tomó aquellas ciudades. Incluso quien perdió todo, se moviliza para conseguir donaciones para los demás. Es una unión tan grande que la fuerza solo puede venir de Dios, porque difícilmente alguien podría reaccionar frente a una situación así.
Que Dios continúe fortaleciendo a ese pueblo y que ellos se vuelvan a Dios, porque lo que sucedió no es otra cosa que el cumplimiento de las profecías, señales del regreso de Jesús.
¡MARANATA!

[Equipo ASN,Gabriela Frontini, periodista de TV Nuevo Tiempo en Brasil]
|